Cuento de Navidad de FJBravo

Eran 3 zonas, 3 personas desconocidas, anónimas; cada una con sus problemas, preocupaciones y esperanzas.

Uno andaba entre ruinas, humo y escombros, alejándose de los disparos. Otro un niño en un hospital, que veía los días pasar raudos; amaneceres, anocheceres; esperando un pinchazo que le devolviese la esperanza de vivir. Y el tercero un hombre, en un país donde pensar, creer o pertenecer a un clan diferente, podía significar la muerte. Los tres huían del horror, la injusticia, y buscaban una esperanza, un nuevo comienzo.

Caminaba a través de calles, la nieve que caía, era ceniza sobre su cabeza, y los petardos y fuegos artificiales, eran ráfagas de ametralladora y obuses que silbaban antes de explotar en sitios indefinidos. Andaba parapetándose en cualquier pared, mirando las calles, antes de cruzar deprisa. Sabía que salir de allí era una oportunidad, aunque no su salvación; oía gritos detrás suyo debía darse prisa, o no tendría ni esa oportunidad. Miraba por la ventana, otro día soleado y frío, los arboles había perdido las hojas, el marrón y amarillo teñía el parque frente a él. Había pocos coches; claro mañana era 25, Navidad. La gente iría a su casa y lo celebrarían en familia, el tendría una visita por la tarde y cenaría con sus compañeros de habitación; cómo una secta de cabezas rapadas, una suerte de budistas enfermos. Observaba por la ventana de aquel cubículo, viendo pasar gente, su suerte era escapar de allí, su piel y su religión no eran bien vistas en aquel lugar, y sabía que cualquier día la muerte aparecería, había juntado un poco de dinero, pero debía ir a una embajada, daba igual cual, pero pasear por aquella ciudad, por el hecho de pertenecer a otra etnia y religión, podía significar no contar el siguiente paso, también sabía que el día, era mejor que la noche, aguardaría a la hora de la comida, tenía el plano de la embajada más cercana, ¿le dejarían pasar?

Le faltaban unos metros para salir de la ciudad a campo abierto, los tiros y voces se escuchaban cada vez más cerca, unos pasos para esa oportunidad de vivir, después, no sabía; pero tenía que conseguir abandonar el fuego y la ceniza, se recostó contra la pared, estaba al borde; un paso y saldría, miro a los lados, nadie, serpenteo por la pared hasta dar con un extenso desierto y una carretera llena de coches humeantes; ante el escucho una ráfaga de ametralladora, los disparos rebotaron a sus pies. Miró hacia atrás, un grupo de hombres le habían visto le gritaban y disparaban; salió corriendo hacia los coches, su único refugio a las balas, eran casi 200 metros, pero tenía que llegar allí para ganar terreno. Iban pasando los minutos, miro el reloj las ocho, sus padres se habían ido hacia media hora. Otro año más, la misma rutina y la misma esperanza, sabiendo que el tiempo no jugaba a su favor. Entró una enfermera, le sonrió, puede que hoy se obre el milagro ¿no crees? Anímate y cree le dijo guiñándole un ojo; el sonrió amargamente. Eran las 2 de la tarde, tenía que andar rápido, por calles transitadas y sin levantar sospechas, se puso la chaqueta, cogió lo poco que tenía y salió a la calle, no había un alma, debía apresurarse, tres kilómetros hasta la embajada más cercana, esperaba que le recibiesen; comenzó a andar, giro a la izquierda y salió a la calle principal, empezó a notar que le seguían; iba mezclándose con la gente, no debía correr, tenía que ir tranquilo, respiro profundamente y siguió caminando; sacó el papel con el mapa, le echo un último vistazo. Al final de la calle giraría a la izquierda, 500 metros más a la derecha y de cara a la embajada.

Los tiros pasaban silbando, miró por detrás del morro del coche, sus perseguidores estaban a menos de 50 metros, lo había intentado era el fin, miro al cielo y cerró los ojos preparándose para el final. De repente escuchó tiros provenientes de su espalda, se giró y vio aparecer entre la humareda, una bandera azul y dos todo terreno con soldados disparando. Se detuvieron y mientras disparaban, un soldado con el brazo le indicó que fuese hacia ellos; encorvado y de coche en coche fue medio corriendo hacia ellos, las balas silbaban a su lado. Miró a sus compañeros animados, como jugaban y reían, miraba por la ventana, era de noche, sus padres estarían cenando con sus hermanos; olió el perfume de su madre, miro al cristal y… Abrió los ojos de par en par. Allí estaban su madre, su padre y sus hermanos, sonriendo se giró y los abrazo; eran las 11 de la noche, entró la enfermera y el médico ¿sabes porque han venido? Con lágrimas en los ojos meneo la cabeza. Hay donante, vamos a intervenirte ahora mismo.se sentó en una silla de ruedas, la enfermera le guiñó el ojo, aquí tienes el milagro. Le pusieron una vía con suero y otro líquido… Se le cerraron los ojos. Giró la calle a la derecha 500 metros, la calle vacía, sentía el aliento y los ojos de alguien tras él. No mires, no mires… Se repetía, aceleró un poco el paso y escucho ¡eh! ¡Ven aquí! Miró atrás y vio dos tipos con barras de hierro en las manos; salió corriendo, veía la puerta y los guardias de la embajada, tenía que llegar, tenía que hacer la carrera de su vida, 50 metros, 20 metros, se tropezó y calló; se levantó como un muelle y siguió corriendo hasta alcanzar la embajada; miró hacia atrás, los dos tipos se quedaron a 20 metros mirándole y sonriendo. Él sabía que sería difícil entrar, habló con el guardia; este le dijo que era navidad, que no se harían papeleos, y que no le admitirían.

Llego al convoy,  le ayudaron a subir; los perseguidores habían caído o huido, le registraron con un  cacheo rápido y se lo llevaron; el viaje más confortable de su vida, a pesar de ir enlatado, incomodo… Era la gloria, en menos de 15 minutos llegaron a un campamento, bajaron del todo terreno, se acercó un intérprete, le pregunto quién era, de donde venía. El intérprete se giró y hablo con un hombre de pelo gris; este le sonrió le tendió la mano, está a salvo… Y escuchó algo que jamás olvidaría, Feliz Navidad. Abrió los ojos, estaba en una habitación solo, sus padres le miraban sonrientes, sonrió levemente  ¿qué tal ha ido? La operación ha sido un éxito y no hay rechazo; esta vez sí, esto ha sido un regalo, les miro sonriente, este año si… Feliz navidad. Estaba a punto de darse por vencido, sabía que moverse, era la muerte a palos; el guardia le iba a echar, había cambiado la forma de coger el fusil, apareció un coche de la nada, se detuvo en la puerta; el guardia se cuadró, se abrió la ventanilla ¿que quiere este hombre? Refugio político por persecución racial y creencias; el hombre le miro de arriba abajo ¿le habéis registrado? no señor; hacerlo y que pase, le sonrió; te daremos refugio, es Navidad.

FJBravo© 2016

(Estos han sido casos extremos)

Que no tengamos que esperar a que sea navidad para ayudar a los demás, para estar en familia, sonreír y dar gracias por lo más preciado que tenemos, Feliz Navidad.

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4 pensamientos en “Cuento de Navidad de FJBravo

  1. M Victoria L.Almansa Pimentel

    Me ha gustado mucho. Tiene muchos matices, sí?
    En la lectura escuché un relato tremendo de persecución, intercalado con la Navidad y la angustiosa espera de entrada al quirófano para recibir un órgano?

    Me pregunto si capté acertadamente el sentido que quería darle el autor: el narrado del relato principal: tratar de alcanzar la embajada entre balas y momentos de persecución, intercalando con la dulce celebración familiar de la Navidad y la historia de la angustia de la donación?.

    El final Llama a la reflexion?

    1. Fco. Javier Bravo Autor de la entrada

      Hola M. Victoria, si eso quería darle, matices, que fuesen tres historias, de humanidad, conflictos, algunos tan cercanos y otros tan lejanos; pero de los que nos desentendemos y terminamos viéndolo como algo natural y rutinario.

      La donación, el conflicto armado, y la persecución (que aun existe) por religión, etnia o creencia, 3 modos de enfocar el sufrimiento y la fe en un día nuevo mejor; a la espera de un pequeño milagro.

      Básicamente, he querido transmitir la angustia, la desesperación y la rendición ante un hecho que no acaba de ocurrir, y como todo confluye, da igual creyente o no, en un día especial, llamado navidad, donde cada uno consigue una oportunidad para empezar una vida nueva, lejos de la angustia, el sufrimiento y el horror vividos.

      El final llama a la reflexión en el sentido de que no hay que ser bueno o acordarse de los demás solo en navidad, si no que a lo largo del año, se puede compartir con los mas cercanos, aportar un granito de arena en cualquier cosa que pueda ayudar a los demás, aunque sea dar un consejo, una idea, hasta el mas leve gesto siempre ayuda.

      En fin que quise escribir un cuento con 3 historias dispares, cargadas de sentido y sentimiento, invitando a una reflexión.

      Me alegro de que lo hayas leído y hayas sacado conclusiones con tu lectura.

      Un abrazo .

  2. M Victoria L.Almansa Pimentel

    Hola Javier,

    Muchísimas gracias por las claves, tan detalladas, que me ofreces haciendo más impresionante aún las siguientes lecturas del relato. Muy interesante todos los elementos que empleaste para armar el triple relato. Te lo agradezco profundamente!!
    Desde que comienzo la lectura me encarné en el personaje perseguido que trata de alcanzar la embajada.

    1. Fco. Javier Bravo Autor de la entrada

      Me das una gran alegría M.Victoria, pues si he logrado con mis letras, que sientas, te identifiques y sumerjas en la historia, es fantástico.

      Muy agradecido por tus palabras y tu lectura.

      Un saludo.

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