Desayuno con Arándanos

Tic tac, tic tac… Seguía abrazada a la almohada, sentía la luz entrando bajo la persiana, como si la sometiesen al tercer grado con un foco delante de su cara. Impidiendola dormir, vaguear un rato; suspiro… se acabó su hobbie de los fines de semana.

Se levantó, poso sus pies en la suave y cálida alfombra, ese tacto y su color, la recordaba a los gatos de Angora; bostezó, se frotó los ojos, vaya han madrugado… pensó para sí; se giró, miró el espejo, sus pantalones de cuadros, su camiseta de tirantes, y… ¡dios que espanto! le salió del alma.

Vale, vale ya me peino, no es para tanto, dijo su chico riendo camino del baño.

Allí estaba ella, de pie, mirándose al espejo; a ver cuantos defectos se sacaba esa mañana. No es que se viese despeinada o con ojeras; se sentía mas vieja, que había engordado, solo quería meterse de nuevo en la cama, dormir más bajo aquellas sábanas, mientras escuchaba al ganso de su chico silbar y hablar con Sini (el perro de la casa como decía el). A ver si mejoraba su percepción y el espejo, cómo en el cuento, la decía, eres la mas guapa del reino.

Que desastre. Claro, tantas horas de curro, todo el día liada, llegando a las mil y a colgarse del teléfono. ¡Un sin vivir! pero había conseguido lo que quería, un trabajo que la gustaba, quitarse preocupaciones y una cuenta que ya no rechinaba.

Se esfumaron esos pensamientos, de repente, se sintió observada. Allí estaba, aquel crío cuarentón, mirándola, sonriendo, cómo si la leyese el pensamiento… De eso nada mozuela, a desayunar; el baño es tuyo y mientras hago las tostadas. ¡Hoy toca terraza! ella le miró, protestó; como puedes estar tan feliz, el hombre sin preocupaciones, que tío, si tu supieras… cambió su cara y puso aquella mirada de… cuéntame, ¿que te pasa?.

A ver que ocurre, ¿no te gusta tu pijama? ¿compramos otro?. Tu eres ¡tonto!, ¡mírame!, estoy gorda, el pelo sucio, sin depilar, tengo ojeras, me esta saliendo una espinilla y tu, ¿me hablas del pijama? es para ma… Antes de terminar, ya estaba el abrazándola por la espalda, con sus manos en su tripa y mirándola a través del espejo; sobresaliendo su cabeza, sobre su hombro derecho y diciendo… ¿De verdad? ¿Tan mal te ves? estás para que me meta contigo en la cama y no salir de ella en un mes… Y no precisamente para dormir… La guiñó un ojo y puso su sonrisa picarona.

Miró al espejo y no puedo evitar sonreír al ver a aquel duendecillo. Se preocupaba porque no se veía bien, pero sabía que el la comprendía. Tampoco ponía en duda que aquel hombre quería que se sintiese bien con ella misma; pero, que daría igual cómo estuviese, para el estaría perfecta, guapa, elegante y apetecible.

Aún recordaba aquel día, en la cocina, con sus chanclas, su pantalón de cuadros, su moño y su camiseta tres tallas mas grandes; y de repente… aquel beso en el cuello, aquellas manos en sus pechos, y aquel cuerpo pegado a su espalda; aquel día se quemo la comida. Soltó una carcajada.

¡Quita lapa! Que pareces un pulpo, anda quita que me de una ducha. La abrazo más fuerte, beso su cuello; voy a hacer el desayuno pingüinilla.
Le vio desaparecer por la puerta de la habitación, descalzo, con sus calzones rojos y su camiseta de tirantes ( si un día le quito esa libertad le mato ); sonrió con esa imagen en mente y fue al baño. Él, ya había dejado el agua corriendo para que estuviese caliente; se desnudo y se dejo relajar bajo el agua.

¿Cuanto había pasado? Ya ni se acordaba; todo lo que había vivido, había sido; aquellos años fatídicos. De lado a lado, como una bola de pinball, rebotando, de un curro malo a otro peor, pero con sus sueños intactos.

Cuantas desgracias, siempre estuvo bien acompañada y aconsejada, tuvo que ser hija, madre, amiga, amante, consejera, psicóloga… pero todo, había salido bien, su mundo era perfecto y ahora era más fuerte.

Cerró el agua, y vio su cuerpo desde otra perspectiva, sin duda la ducha la había despertado y ver todo de otra manera, tampoco tenía que exagerar tanto, un mes corriendo, un poco de gimnasio, y se sentiría bien consigo misma. Además; no estaría sola, ese pesao, que cuando menos lo pensaba y mas lo necesitaba la levantaba el ánimo, estaría a su lado animándola.

Se envolvió en su albornoz, pensó en el mientras llegaba el olor a pan tostado y café recién hecho…
Todo había sido distinto a lo que ella creía, había tenido un miedo acérrimo, incluso, estuvo a punto de romper con el al poco de estar juntos. No porque no le gustase, si no, porque pensaba, que no iba a encajar en su vida, que cuando la conociese, saldría corriendo y que su familia no lo iba a aceptar, y como no… que le iba a hacer daño y destrozarle. Pero… ¡Cómo se había equivocado!.

Se hizo una coleta, se calzó aquellas chanclas surferas, propiedad del ganso descalzo y salió a lo que él había llamado terraza. Él, era feliz, ¿que mas daba cómo llamar a las cosas? cuando en realidad, era un porche con vistas a la montaña.

Allí estaban, al sol de la mañana, con una ligera brisa, la mesa preparada y Sini que corrió a saludarla.

¡Por fin! ¡ya llego la anfitriona! ¡hay hambre señora! A punto de sacar la guitarra y cantar algo para ver si te atraía a la terraza… Luego corremos hasta el río y así te sentirás mejor, ¿hace?.

Deja de decir tonterías, ya se verá. Acarició a Sini y este corrió a la mesa. A ver si caía algo del desayuno; caería, el siempre le daba algo; contemplo la estampa; él sentado, sonriendo como un niño que espera la tarta, su perro mirándola (diciendo, siéntate ya, que quiero comer algo) y la mesa con su café, (El muy mentiroso, había hecho croissants a la plancha, con mermelada de arándanos y mantequilla, sabía que era su favorito; no se negaría a comer aquello). Se acercó a el, le rodeo el cuello, le dio un beso y le dijo… ¡Eres un pesao! ¡los dos! sois unos pesaos, pero eres mi pesao, jajaja ¡vamos a desayunar!

Amrith13 2015 ©
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